miércoles, 24 de febrero de 2010

Oliart miente

1. Está claro, a estas alturas, que todos los presidentes de RTVE adquieren en muy breve espacio de tiempo algo que se puede llamar síndrome del pirulí. Es decir, que en cuanto se sientan en su despacho olvidan en un instante de lo que se trata eso que llaman servicio público y se entregan en cuerpo y alma a acrecentar los beneficios de las productoras de amiguetes, afines al partido gobernante o a la pela dura y pura.

El caso del octogenario Oliart, cuyo desconocimiento de la empresa pública es parejo al del mundo de la TV, es ilustrativo.

Nervioso por la inminente huelga, que considera una ofensa a la sabiduría que le otorga su senectud, ha dicho en el Senado varias mentiras. A saber:

  • Que nadie en TV quiere asumir cargos de responsabilidad, por lo que se ve obligado a contratar a su sobrina.
  • Que sólo se puede reducir la producción externa si se redacta un nuevo convenio.
  • Que hay mucha gente en RTVE que no quiere trabajar.
  • Que los salarios en RTVE son los mayores del sector (correcto en el caso de los directivos contratados con suculentos bonos y cláusulas de recisión).
  • Que la auditoría que se ha realizado al ente es positiva y su antecesor un santo...

2. Pero lo de RTVE no es nuevo en el ecosistema informativo de los gobiernos socialistas. Sin entrar a analizar la sistemática utilización ideológica (aunque en estos últimos tiempos ciertamente se ha reducido hasta niveles casi soportables y que de hecho ha sido en el tiempo algo menor que la practicada por el PP), lo cierto es que su actitud hacia los medios de comunicación públicos ha sido siempre de una evidente hostilidad.

A partir de 1982, con el ínclito Calviño al frente, dio cerrojazo a Radio Cadena Española. Posteriormente, abrió la puerta a las privadas, en nombre de la pluralidad, y a la invasión de la correspondiente telebasura. Y recientemente ha realizado dos agresiones descomunales a la superviviencia de RTVE: el ERE, con prejubilaciones bajo amenazas a los mayores de 52 años; y la supresión de la publicidad para servir en bandeja a las corporaciones privadas la extinción de RTVE y su pastel publicitario.

Con estos antecedentes, no resulta extraño lo que está sucediendo en RTVE.

En el fondo están satisfechos y orgullosos. Porque saben, los directivos contratados, que cuando termine su tiempo en RTVE serán recibidos con los brazos abiertos en las corporaciones privadas como agradecimiento a su trabajo. ¿No es así, Luis Fernández, Xavi Pons?

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