martes, 1 de diciembre de 2009

Carroñeros

En la sociedad del libre mercado todo vale con tal de enriquecer a tu empresario y/o salvar el culo ante la disminución de los beneficios. Da lo mismo que el producto sea de baja, de ínfima calidad, no importa el rigor en su elaboración, el control de calidad no existe, lo único que de verdad interesa es la rentabilidad, el consumo rápido y despreocupado por parte de unos clientes condicionados de manera compulsiva. La basura es hoy un valor en alza -que se lo pregunten a la Mafia que ha comprendido mejor que nadie el valor de comerciar ccon los desechos de una sociedad en pleno proceso de putrefacción-.

Viene esto a cuento de la gestión de la basura que habitualmente practican los medios de comunicación aquí, en la llamada sociedad desarrollada. Los medios, que con tanta celeridad aplican la presunción de inocencia a los delincuentes de guante blanco -banqueros, políticos corruptos, personajes públicos...-, se ensañan impunemente con los más débiles y, cuando son sorprendidos en falta, balbucean compungidos palabras de perdón con la certeza de que en muy poco tiempo sus faltas caerán en el olvido y pasarán al cementerio de las hemerotecas que nadie consulta ni pasan factura.

"Oh, perdóneme usted. No era mi intención molestarle cuando titulé en primera bajo su foto 'la mirada del asesino de una niña de tres años', cuando desgrané en la información los detalles de una violencia que ahora sé que usted no realizó, de unas agresiones sexuales inexistentes. La culpa fue de un médico que me confundió con un informe incorrecto. Siento que usted tenga que recibir asistencia siquiátrica, pero si no hubiera sido por ese médico... En fin, reciba usted mis disculpas", mientras se abalanza canino sobre las noticias del secuestro de unos cooperantes, que lo del Alakrana ya no daba mucho más de sí y afortunadamente, para mí, ya tenemos otra carroña servida, que promete grandes titulares y augura larga duración.

Y ya pasó, unos días más de golpes de pecho y a otra cosa, que la vida sigue y hay que pensar en pedir pronto la dimisión de alguien cuando ni por asomo se me ocurre presentar la mía, porque ¿qué va a hacer mi peródico, mi radio, mi televisión, mi página web sin mí?

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